Identidad Rota
¡Hola!“El camino de la verdad no es literal, sino
la experiencia interior que surge
de una conciencia moral recta.”
Bien, vamos directo al tema.
Hay un tipo de sufrimiento silencioso
que casi nadie admite, pero muchos
experimentamos: el miedo a mostrarse
y, al mismo tiempo, la angustia de
sentirse atrapado en una identidad
que no se desea.
Es un conflicto interno que se vuelve una prisión doble.
Por un lado, está la ignorancia o, quizá la confusión
de creer que ocultarse es protección.
Por otro, está el dolor profundo de vivir
como alguien que no refleja lo que se lleva dentro.
Evitar que otros sepan quién eres
puede parecer una defensa lógica.
Si nadie te conoce, nadie puede herirte.
Pero esa coraza, con el tiempo, se convierte
en un muro que te separa no solo del mundo,
sino también de ti mismo.
Se vive en sombras, temiendo la mirada ajena,
construyendo versiones editadas de uno mismo
para encajar o para no ser juzgado.
La ignorancia aquí no es falta de
inteligencia; es desconocimiento
emocional de que ocultarse cuesta
más que mostrarse.
Y luego está el otro extremo: el dolor
de ser quien no quieres ser. Una vida
basada en expectativas ajenas, en
traumas no resueltos o en hábitos
forjados para sobrevivir y no para vivir.
Esa sensación desgarradora de mirarse
al espejo y pensar: “Este no soy yo…
pero no sé cómo dejar de serlo”.
Es un duelo interno. Un duelo por la persona
que fuiste, por la que deberías ser y
por la que nunca te permitiste ser.
Ambas realidades se alimentan mutuamente.
Cuanto más te ocultas, más te alejas de
tu esencia; y cuanto más te alejas de tu
esencia, más duele la idea de que alguien
pueda verte tal como eres.
Es una espiral que desgasta,
cansa y marchita. La transformación
empieza cuando se reconoce esta tensión.
Cuando aceptas que esconderte no es libertad, sino miedo.
Y que el dolor de ser quien no quieres ser no
es un castigo, sino un llamado: una invitación
a reconstruirte, a cuestionar tus narrativas
internas, a soltar lo que ya no encaja.
Mostrarse no significa revelar todo; significa
ser auténtico. Y ser auténtico no implica
perfección; implica coherencia.
A veces, el simple acto de decir “estoy
en proceso” ya es un paso hacia la libertad.
Porque la identidad no es una condena,
sino una construcción. Y siempre se puede
reconstruir.
Al final, la verdadera liberación ocurre
cuando decides ser visto… incluso por ti mismo.
Porque el mayor dolor no es que otros no
sepan quién eres, sino que tú mismo lo ignores.
JRRuiz
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