El engaño que nos tranquiliza
Desde
la psicología moral, la mentira no se comprende únicamente como un acto ético
incorrecto, sino como un mecanismo psicológico de regulación interna.
Esto
implica que, antes de juzgarla moralmente, es necesario entender qué función
cumple en la mente humana y por qué, en muchos casos, se experimenta
como algo “correcto” o necesario.
El
primer paso para comprender este fenómeno es reconocer que el ser humano posee
una necesidad profunda de coherencia interna.
Las
personas desean verse a sí mismas como buenas, justas y razonables.
Cuando
una acción entra en conflicto con esa autoimagen, surge un malestar psicológico
conocido como disonancia cognitiva.
Esta
tensión no es menor: genera ansiedad, culpa y amenaza la estabilidad emocional.
Ante
esa disonancia, la mente tiene dos caminos posibles.
El
primero es cambiar la conducta, asumir el error y corregirlo.
Sin embargo, este camino suele ser emocionalmente costoso.
El
segundo, más frecuente, es cambiar la interpretación de los hechos, y
aquí aparece la mentira, especialmente en forma de autoengaño.
El
autoengaño no suele vivirse como una mentira deliberada.
La
persona no piensa “estoy mintiendo”, sino “tengo mis razones”, “no fue tan
grave” o “era inevitable”.
En
este punto, la mentira cumple su función principal: reducir el malestar
emocional inmediato y proteger la identidad personal.
Psicológicamente,
esto resulta eficaz a corto plazo y, creo que todos lo sabemos ¿Cierto?
El
siguiente paso en el proceso es la normalización del engaño.
Cuando la mentira logra aliviar la tensión, el cerebro aprende que ese recurso “funciona”.
Neurológicamente,
se reduce la activación de los circuitos de amenaza y se refuerza la conducta.
Con
el tiempo, la respuesta emocional ante la mentira se debilita y la conciencia
moral se vuelve más silenciosa.
Sin
embargo, el costo aparece a largo plazo. Si, así es y, lo
veremos por qué.
Bien,
el autoengaño sostenido provoca fragmentación del yo, confusión interna y una
pérdida progresiva de claridad moral.
La
persona deja de distinguir con precisión entre lo que es verdad y lo que
necesita creer para sentirse en paz.
En
conclusión, desde la psicología moral, la mentira no es correcta en sí misma,
pero se siente correcta porque regula el dolor emocional.
Dejemos
claro esto, no busca maldad, sino estabilidad.
El problema es que esa estabilidad se construye sobre una base frágil: la negación de la verdad.
Y sin
verdad, no hay crecimiento, integración ni transformación auténtica del ser
humano.
Parte
fundamental en nosotros, ser correcto, pero saber cuidad también nuestra vida.
Sin embargo, este camino suele ser emocionalmente costoso.
Cuando la mentira logra aliviar la tensión, el cerebro aprende que ese recurso “funciona”.
veremos por qué.
El problema es que esa estabilidad se construye sobre una base frágil: la negación de la verdad.
Gracias por leer
Saludos
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vez has sentido que caminas en círculo? ¿Sí?
Si
también te ha pasado que sientes que das vueltas sin avanzar, entonces es
posible que te interese leer este artículo: El patrón que no ves dirige tu
vida.
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