El patrón que no ves dirige tu vida
En
algún momento todos sentimos que caminamos en círculos: repetimos relaciones,
errores o reacciones que juramos no repetir.
No es
casualidad; es el reflejo de nuestros patrones inconscientes, esas raíces
invisibles que guían nuestras decisiones sin que lo notemos.
Como
muchos sabemos, nuestros patrones se forman desde la infancia: son las
conclusiones que nuestra mente extrae para sobrevivir y pertenecer.
Tal
vez aprendimos a callar para evitar el conflicto o a complacer para sentirnos
queridos.
¿Pero
qué pasa con el tiempo? Con el tiempo, esos mecanismos —que alguna vez fueron
útiles— se convierten en muros que limitan nuestra autenticidad. Por eso, el
primer paso no es destruirlos, sino reconocerlos.
Observar
con atención cómo reaccionamos ante el rechazo, el fracaso o el silencio puede
revelar más sobre nosotros que cualquier espejo.
La
práctica de escribir lo que sentimos, meditar o simplemente detenernos, antes
de responder permite que surja la conciencia: ese instante en que dejamos de
ser víctimas de nuestros hábitos emocionales.
Transformar
un patrón no ocurre por negarlo, sino por entender su intención original. ¿Cierto?
Cada
reacción defensiva es, en el fondo, una manera imperfecta de protegernos.
Y
cuando logramos ver eso, la dureza se disuelve y aparece la autoaceptación —la
semilla del cambio real—. Mirarse
al espejo interior no es una tarea cómoda, pero sí liberadora.
Solo
quien se atreve a conocerse profundamente puede dejar de repetir su historia y
comenzar a escribirla desde la consciencia.
Para los
que celebran la navidad. Les deseo con toda sinceridad una Feliz navidad y un próspero
año nuevo.
El
verdadero autoconocimiento comienza cuando dejamos de mirar hacia afuera en
busca de respuestas y nos atrevemos a mirarnos dentro, con honestidad y sin
juicio.
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