El arte de observar el proceso
JRRuizya
¿Te has detenido a pensar en lo detallada que suele ser la vida y en lo poco que la observamos?
Sabemos que formamos parte de un proceso silencioso y constante, pero rara vez le prestamos la atención que merece.
Vivimos
dentro de él sin mirarlo, sin comprenderlo, como si fuera algo secundario.
Esta
falta de conciencia nos convierte, muchas veces, en una pequeña vela encendida
en la oscuridad, iluminando sin saber realmente qué hay a nuestro alrededor.
Como
resultado, nuestro desarrollo no se convierte en una evolución consciente a lo
largo de la vida, sino en un simple transcurrir del tiempo.
Esto
nos impide disfrutar de la existencia y verla como una oportunidad; en cambio,
la percibimos como una carga impuesta por una cultura mezquina, donde vivir se
vuelve una exigencia y no un privilegio.
Y,
sin embargo, debería ser lo contrario.
Vivir
es una oportunidad para disfrutar de manera consciente, independientemente de
las circunstancias que nos rodeen.
Aquí
es donde surge una pregunta necesaria: ¿Será que lo superficial nos está
robando la calidad de vida?
Es
importante recordar que pensar en el estilo de vida que llevamos no es lo mismo
que observar cómo vivimos.
Muchos
viven en la opulencia, disfrutan de una buena calidad de vida y son conscientes
de ese estatus; pero no observan los pequeños detalles que construyen y
sostienen ese modo de vivir.
No se
centran en el proceso, y esa es la razón por la cual, en muchas ocasiones,
repetimos las mismas lecciones una y otra vez.
No
aprendemos porque no observamos. No evolucionamos porque no registramos el
camino. No avanzamos porque no guardamos memoria de cada paso.
Permíteme
ilustrarlo con un ejemplo sencillo.
Primero,
abrimos la nevera y buscamos la cebolla y el tomate.
Segundo, buscamos la tabla para cortarlos.
Tercero, encontramos la cacerola.
Luego, el aceite.
Después, encendemos la estufa.
Colocamos los ingredientes, los movemos para que no se quemen y esperamos el
tiempo necesario para su cocción.
¿Has
notado que casi nunca prestamos atención al proceso, sino únicamente al
beneficio final?
Queremos
el resultado, pero ignoramos el camino.
Anhelamos
la recompensa, pero rechazamos el esfuerzo. Y, al mismo tiempo, cuestionamos el
dolor como si fuera exclusivo de nuestra experiencia, como si nadie más lo
atravesara.
Entonces
surge una última pregunta: ¿qué aprendemos realmente del proceso?
Dejo
estas interrogantes abiertas, no para imponer respuestas,
sino para invitar a la reflexión.
¿Te has detenido a pensar en lo detallada que suele ser la vida y en lo poco que la observamos?
Sabemos que formamos parte de un proceso silencioso y constante, pero rara vez le prestamos la atención que merece.
¿Es posible que, al vivir distraídos, estemos
perdiendo el verdadero sentido de existir?
Todos
decimos: “Voy a preparar un huevo, será rápido.” Pero si observamos con
atención el proceso, descubrimos que no es tan simple.
Segundo, buscamos la tabla para cortarlos.
Tercero, encontramos la cacerola.
Luego, el aceite.
Después, encendemos la estufa.
Y aún
quedan pendientes los pasos finales: lavar, limpiar, ordenar.
Tal
vez sea momento de reevaluar nuestra forma de vida y cuestionar no solo las
circunstancias que la rodean, sino las razones profundas que nos han llevado a
vivirla de esa manera.
JRRuizya
Enfoque y propósito
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